Pamela Sotelo es la mujer que, con el tiempo, aprendió a sanar

 

La década del 90 estuvo repleta de años maravillosos. En Bolivia la diplomacia de la hoja de coca demostraba su fracaso, llegaba la época de la capitalización bajo el liderazgo de Gonzalo Sánchez de Lozada y las revueltas sociales iban a ser el pan de cada día, aunque aquello aún está vigente.

Pero esos eran los años maravillosos por la inocencia de quienes estaban en la plenitud de su niñez y juventud. En el Canal 2 de la ciudad de La Paz estaba de moda el programa El Club de Todos, el cual trataba a sus espectadores como a amigos.

En la televisión aparecía la imagen de la carismática Pamela Sotelo Debbe, una niña rubia que hacia sus primeras armas en la caja chica. Por entonces ella soñaba con ayudar a sanar a la gente. No sabía de qué manera iba a hacerlo, pero cada vez que podía le decía a su mamá que ella iba a curar a la gente.

Sopocachi

Fue un 27 de agosto, años atrás, en los cuales la mamá de esta soñadora mujer no pudo más y detuvo el coche que conducía. Con los dolores del parto llegó a la Clínica Santa María y allí dio a luz a la ochomesina. “Tengo tres hermanas mayores y todas me esperaban en mi casa. Era la bebé que todo el mundo había buscado”, explica Pamela.

Sus hermanas la aguardaban con tanto cariño que hasta se encargaron de escoger el nombre de la nueva integrante de la familia, con ayuda de la guía telefónica decidieron que la llamarían Daniela Pamela.

“Estudié en el colegio Argentino Boliviano. Hasta cuarto básico sabía muy poco de la historia de Bolivia y, es más, en el colegio se cantaba el himno argentino. Era una cosa súper rara. No sabía el himno nacional hasta el quinto básico. Luego me cambié al San Patricio y ahí aprendí historia boliviana, era súper waskiri”, cuenta Pamela. Recuerda que entonces comenzó a saltar su vena artística y sus papás le llevaron a la academia Hohner. Querían que ella se forme tocando el piano, pero la niña quería cantar.

Mientras, su rostro ya se fue haciendo conocido en la televisión gracias a El Club de Todos. Y como aquellos eran años maravillosos la selección de fútbol de Bolivia jugaba tan bien que era un espectáculo para los ojos. Y los futbolistas de aquel entonces eran estrellas amadas y populares. Estuvieron en un programa inolvidable, en el cual también apareció Pamela.

La vida es un trabajo

Estuvo en el Canal 2 y luego tuvo un paso breve por el Canal 11 en el cual ganaba poco dinero. Pese a ello podía darse el lujo de pagarle a su familia una salida dominguera. “Luego a mis 16 años empecé a trabajar en otros rubros, era degustadora en ferias y supermercados, también en gasolineras. Estuve haciendo degustaciones de café”.

Hasta que se le abrió un espacio en el canal 9, en la red nacional de televisión ATB. Debía separar las cartas que llegaban de los espectadores. “Un día, con mucha suerte, estuve presente en una reunión de producción porque llegué temprano al canal. Almorzaban, me hicieron sentar con ellos y se dieron cuenta de que era súper creativa. Fue así que trabajé en producción creativa, para crear concursos en ATB. Luego me ascendieron… era muy creativa”, rememora.

Acabó el colegio y tuvo que decidir qué carrera profesional seguir. Se decidió por Ciencias Políticas. “Le decía a mi mamá voy a ser presidenta porque a mí no me gusta la injusticia. Pensaba que la política era el camino y la verdad es que no conocía bien mi carrera”, cuenta.

Le fue bien, durante tres años en la universidad, ganó el premio Guido Capra Gemio a la mejor estudiante en Ciencias Políticas y se tituló con mención en Gestión Pública. Avanzó la mitad de la carrera de Derecho y para costearse sus gastos trabajaba en un call center.

También estudió inglés en el CBA (Centro Boliviano Americano) y eso le permitió dar clases y ser jefa de idiomas de la Udabol. En su hoja laboral están las pasantías y su trabajo en el Viceministerio de Culturas. También fue relacionadora pública de la Sociedad Coral Boliviana y estuvo en este coro. Durante un tiempo fue Jefa de Desarrollo de la Orquesta Sinfónica Nacional… y todo aquello mientras estudiaba.

Qué siga la fiesta

Un día conoció a Miguel Vargas, Carlos Vargas y Mauracio Saldías. Congeniaron en el escenario y después la invitaron a un ensayo. “En el momento que funcionó (la relación sobre las tablas entre los cuatro) yo supe que daba para más y decidí tomar acciones de vida para cambiar y hacer de esto nuestro modus vivendi”. Con una mirada crítica, y muchos lugares comunes entre ellos, nacieron las Mentes Ociosas. El grupo de comedia musical que en parte de sus espectáculos recupera canciones de antaño.

Ocurrió en 2013, si la memoria no le falla a Pamela, cuando se presentaron por primera vez. “Fue a mediados de ese año, en Casa Duende. Recuerdo que entendí mal el código de vestimenta, dijeron que iba a ser un show ochentero y yo decidí vestirme como Madonna. Cuando llegué los chicos se asombraron”.

Resultó algo inolvidable. “Tengo tan bien grabado ese show que hicimos, incluso recuerdo las personas que han ido, todo lo tengo presente y vivo en mi memoria”, dice.

Pamela recuerda que al terminar el show, ella estaba dispuesta a irse, pero Miguel hacía cuentas. “Contó la plata y nos repartió el dinero, esa vez mi primera paga fue de 320 bolivianos”. No podía creer aquello y sus compañeros se rieron, “me decían ‘te falta calle’”.

El humor que decidió hacer el grupo fue para todas las edades. Tuvieron que “autoeditar” algunas bromas y consiguieron montar espectáculos familiares.

Y un día el odio llegó

Pamela incursiona en la radio y la televisión. Tiene sus programas en los cuales da a conocer su sapiencia política y también muestra su lado lleno de humor.

De pronto, empezó a recibir ataques o, lo que se define ahora como hate. Aparecieron personas en las redes sociales que comenzaron a atacarla con un argumento y otro. Si decía algo la cuestionaban, si no lo decía la criticaban. Y la mayoría de los ataques eran supeficialidades.

Al comienzo aquello complicó la vida Pamela, pero aprendió que era mejor alejarse de las redes sociales por un tiempo… luego se propuso ver quiénes eran sus haters y descubrió que había perfiles falsos, luego encontró a personas que destilaban odio con y sin razones. Comprendió que cada persona entrega lo que tiene dentro. Valoró el camino que recorrió hasta convertirse en la mujer que es hoy en día. Aprendió a amarse más.

Entre sus batallas está también la lucha contra la gordofobia. “La gente dice y habla de tu estética, dicen ‘¿por qué no haces dieta’, ‘hazlo por salud’. Te pueden ver acabando una cajetilla de cigarros y no te dicen nada; pero te ven gordo y te dicen ‘haz dieta por tu gordura’. Si ellos me acompañaran a ver mis exámenes de sangre sabrían que estoy muy sana. Hay un tema de gordofobia muy asociado con la flojera, la dejadez, un mal vivir que no es cierto, o por lo menos no en todos los casos”.

Cuenta que algunas mujeres le agradecen por sus batallas y se sienten con mayor valor al tenerla de espejo. Ellas aprenden a quererse y a sanar…

En otros escenarios hay niñas y niños que disfrutan sus shows y sonríen; al final de cuentas sonreír también ayuda a sanar.

Pamela tuvo sus sueños de niña, aquellos en los cuales ayudaba a sanar. Ahora de una y otra manera hace realidad sus sueños.

 

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