Una inquietud renovadora

“Si el almacén de proyectos históricos que fue Occidente se ha vaciado, ¿por qué no ponernos a pensar por nuestra cuenta, por qué no inventar soluciones? ¿Por qué no poner en entredicho los proyectos ruinosos que nos han llevado a la desolación, que es el mundo moderno y diseñar otro proyecto más humilde, pero más humano y justo?”, afirmó, en la década de los ochenta, del siglo pasado, el pensador Octavio Paz.
Estamos lejos de diseñar, más que seguros, un proyecto político de esa dimensión: humilde, humano y justo. Quizá, en sus fueros interiores, pensó lo propio su inspirador, el connotado escritor mexicano. Pero hay algo rescatable en ese propósito, para reflexión, particularmente, de las nuevas generaciones. Esa inquietud, renovadora y de transformación, exenta de intereses particulares. Que se anime a romper con todo esquema tradicional que, en muchos casos, fue retrogrado, regresivo y revanchista. La historia política lo reitera, de una manera determinante. De ahí que interesa especular sobre el contenido de esa afirmación.
Posiblemente ni las condiciones objetivas ni las subjetivas estarían dadas, cuando sugirió tal iniciativa. Pero tampoco están dadas, ahora más que nunca. Estamos atravesando, en la actualidad, lo mismo o peor que entonces, tiempos sumamente conflictivos, como consecuencia de acciones oscuras y tenebrosas, alimentadas por tendencias maximalistas. Una corriente político-ideológica recorre la región y el mundo, desconociendo la vida, la libertad y la libre expresión, por su afán de imponerse. No le importa pisar y pasar, con tal de que alcance sus objetivos. Eso ya lo hizo en algunos países de la región, conculcando la libertad y deteriorando la democracia.
Parece que ningún protagonista, cualquiera fuere su bandera, su sigla o consigna, piensa en la construcción de un instrumento político humilde, humano y justo, que esté al servicio de los más desprotegidos, con miras al futuro, en particular. Que sume y multiplique esfuerzos, por el bien común. Que se identifique con el rostro sufriente de su pueblo. En la mentalidad de aquellos bulle, lamentablemente, la idea de un proyecto fuerte, omnipotente, ostentoso, despilfarrador y nada ahorrativo. Que inspire temor y arrincone a quienes piensan diferente. Que infunda miedo, para alcanzar el camino expedito. Recordemos que el país, acá va un ejemplo, al comenzar el año 2000 tenía una deuda externa adquirida de 4 mil 500 millones de dólares y actualmente sobrepasa los 12 mil millones de dólares. ¿A dónde se ha ido tanto dinero?, se pregunta el millón. La situación del país poco o nada ha cambiado. He ahí los “logros” de quienes se consideraron “enviados” o grandes transformadores del siglo. ¿Y dónde se ubicaría lo humilde, lo humano y justo?
Todos los que practicaron política, en el pasado mediato e inmediato, buscaron la supremacía, para perpetuarse en el Poder. Recurrieron a la mentira y la calumnia para descalificar a sus adversarios. Habilitaron cárceles y abrieron las fronteras para que huyan ellos. Intentaron capturar todos los poderes del Estado, con objeto de imponerse. Manipularon la justicia, también.
En suma: que los políticos, que hacen y deshacen el destino patrio, construyan un proyecto humilde, humano y justo, con vocación de servicio al país.

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