En el panal de las mentiras

Trascender no es sinónimo de la consecución de poder, como tampoco escuchar es equivalente a entender. La base del pensamiento crítico radica tener en claro ambos preceptos, es decir: El camino hacia la trascendencia y el entendimiento como base social. Eliminar ambos conceptos conlleva una desnaturalización de la problemática social y a una pérdida de la esperanza en lo divino.
La tergiversación de la palabra escrita es esencial para suplantar la sana crítica por la repetición de conceptos. Para tal efecto, se suplanta los libros de texto escolarizados por escritos altamente politizados; de igual forma, los libros de historia, filosofía y artes son suplantados por ensayos tergiversados sobre la realidad. Cuando la historia, la filosofía y la literatura logran ser suplantadas por ideologías, el receptor deja de utilizar la razón como filtro de información para convertirse en un “robot ideológico”, totalmente manejable y a la vez suplantable. La base de la ideología progresista, por ende, no es la construcción del pensamiento, es el adormecimiento del pensamiento y de la conciencia histórica. Como ejemplo de ello, tenemos el ensayo “indignaos” de Stéphane Hessel que para la Navidad de 2010 se convirtió en un Best Seller en el continente europeo, dando como resultado varias manifestaciones violentas, con miles de “indignados” en las calles que no sabían lo que pedían ni por qué gritaban; lo importante era seguir el eslogan y formar parte de «algo importante».
Si la palabra es manipulada y el conocimiento restructurado, la cultura queda inmersa en una nebulosa fácil de tergiversar, pues el sano uso de la razón como filtro del pensamiento simplemente queda anulado, dejando el camino expedito para que la violencia y la consigna generen estándares de comportamiento aceptados por las ideologías progresistas imperantes. Del mismo modo, la divinización de la persona, como ser individual, antepone la libre elección con la moral y la ética, se ensalzan las preferencias supuestamente «autónomas» por encima de la Fe –en especial la cristiano católica–, pues todo creyente es expulsado o, mejor dicho, «cancelado» de una manifestación social semejante a un panal, donde no se piensa, no se cuestiona, solo se acata y se trabaja. Es decir, se desenvuelven en un panal de mentiras, donde la mentira mayor es la que manda.
La analogía de la sociedad de panal se fue desarrollando con cierta astucia por todos los regímenes totalitarios, donde se exalta a la abeja obrera, como base y puntal del panal; donde el trabajo sirve para cumplir un objetivo comunitario, pero jamás como instrumento de superación; es decir se exalta al pobre y su trabajo, pero no se le permite dejar de ser pobre, pues con ello se estaría yendo en contra de la organización de la colmena.
La deconstrucción de la cultura en todas sus vertientes conlleva el propósito de instaurar a la mentira como verdad y en torno a ella generar un enjambre manipulable y desechable que luche ciegamente por la mentira que emana del panal; dicho enjambre, bien podría tener el denominativo de «movimientos sociales».
Razonar no es opción para el enjambre, tampoco elegir, simplemente ser una pieza más en un complejo sistema de mentiras.

El autor es Teólogo y Bloguero.

La entrada En el panal de las mentiras se publicó primero en El Diario – Bolivia.

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