Los orígenes de los cercos

En 1781, en la etapa colonial, la ciudad de la paz estaba gobernada por Sebastián Segurola, quien ordenó construir una gran muralla para proteger a la ciudad. El 6 de marzo de 1781, empezaron a construir «rápidamente» trincheras y fortalezas. Fueron construidas en las fronteras naturales de la ciudad: por el oeste el río Choqueyapu y río Calchuani; el rio Mejawuira por el este, el Choqueyapu por el sur y las faldas del calvario Quilli Quilli por el norte. Hoy sería por la calle Catacora por el norte, y por el este en la Av. Mariscal Santa Cruz, y Pérez Velasco por el sur, y luego Pichincha y Jaén por el oeste. La muralla era muy sólida y ancha, con 28 puestos de custodia; era de cal y adobe, apoyada en grandes vigas de madera. Esta fortaleza costó a las cajas reales 2.725 pesos y también costeados por vecinos ricos y generosos. A menos de un mes del asedio indígena por Túpac Katari y sus huestes, con el cerco a los habitantes de «Nuestra Señora de La Paz» se iba notando el hambre debido a los sublevados.
El 31 de marzo fue la primera bajada de Túpac Katari por Santa Bárbara y San Pedro, con mucha pompa, en medio de clarines, repiques y aplausos. Bajaban en caballos junto a Bartolina Sisa; proclamados virrey y virreina, respectivamente. Con el transcurrir de los días, el capitán Ignacio Flores llegó a sofocar el alzamiento, en medio de aplausos y de saludos de los cabildos secular y eclesiástico y también de los vecinos. Flores y compañía se impresionaron al ver a la antes «opulenta y rica ciudad de La Paz» reducida en gran parte a cenizas y escombros, con la mitad de la población muerta. En estos movimientos se notaba la presencia del caudillo indígena Julián Apaza (Túpac Katari) vestido como los reyes incas; mientras los sublevados prosiguieron instalándose en todo el contorno; destrozando diques de agua y quemando todo a su paso. Pasaron semanas y hubo un segundo cerco, con hechos muy graves; en San Francisco, atacado e incendiado, el convento fue saqueado por completo y solo se logró salvar la iglesia. Los ataques fueron con gran ruido y fuego de fusiles, generalmente por las noches.
Y vino el auxilio, esta vez comandado por el teniente coronel José de Reseguín; quien liberó a los pobladores con un ejército auxiliar de siete mil hombres; además de la liberación traían mucho comestible para abastecer a la ciudad hambrienta. La miseria y el hambre llegaron al grado de que tuvieron que comer perros, gatos, mulas, burros, etc. Es muy importante citar la «certificación referente a los quebrantos y padecimientos de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz»; que hace Miguel Antonio de Llanos en 1781. Se trata de un coronel de caballería de milicias y, al mismo tiempo, Ministro tesorero de la real hacienda, que hace esta certificación por pedido del comandante Sebastián Segurola.
Llanos enumera las pérdidas sufridas; y el cuantioso número de víctimas; tanto de españoles como indígenas. El incendio de innumerables casas; quintas, obrajes; haciendas; sementeras, ingenios, molinos, bienes, inmuebles; pérdida de vestuarios, joyas, etc., por millones de pesos. Los vencidos habían entregado todas sus armas. Y tuvieron que apresar a los principales cabecillas con grilletes en el Santuario de la Virgen de las Peñas. El 7 de noviembre de 1781, cuando terminó la instalación de ejércitos auxiliares en dicho santuario. Túpac Katari fue traicionado y lo entregaron a los españoles.
El 10 de noviembre a las 3 de la tarde llegó a Peñas el capitán Saboya Mariano Ibáñez conduciendo al formidable “reo” Julián Apaza (Túpac Katari). El 11 de noviembre se tomó la declaración y confesión a los otros reos. El 14 de noviembre se dedicó enteramente a la confesión de Túpac Katari. Diez de Medina lo sentenció como auditor de guerra; condenándolo a pena de muerte, arrastrado por cuatro caballos con soga de esparto al cuello y conducido a plaza pública. Todo lo que se ejecutó en la plaza de peñas, ante un crecido número de indígenas que quedaron asombrados por el castigo aplicado a un sublevado que tanto habían respetado.

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