Las medidas y los peligros de la baja inflación en Bolivia

La espiral inflacionaria que se está viviendo en otros países comenzó con los efectos económicos de la pandemia y luego se disparó con la guerra en Ucrania. Las proyecciones apuntan a que a finales de este año en América Latina el costo de la vida subiría “en promedio” un 10% en comparación con el año anterior. La subida de precios en una región con altos niveles de desigualdad, bajo crecimiento económico y precariedad en las condiciones de vida puede llegar a tener un fuerte impacto y convertirse en algunos países en una fuente de inestabilidad política.
En Bolivia, en comparación a otros países de Sudamérica, el Índice de Precios al Consumidor acumulada al mes de agosto llegó al 1.6% según fuentes oficiales, teniendo la inflación más baja de la región, pero una inflación demasiado baja no es una buena noticia como parece.
En este artículo analizaremos de manera puntual cuáles son las 3 razones que explican la excepcional situación que vive el país y cuáles son los peligros de tener una inflación tan baja.
Las 3 medidas que previenen la inflación en Bolivia:

1. Tipo de cambio bajo
Al contrario de lo que pasa con otros países vecinos, la moneda nacional, “el boliviano”, ha mantenido un tipo de cambio fijo respecto al dólar estadounidense. El de cambio fijo, establecido hace más de una década, se mantiene gracias a que las autoridades inyectan dólares de sus reservas en el mercado. El gobierno del presidente Arce argumenta que los grandes recursos obtenidos a partir de la nacionalización de los hidrocarburos permitieron fortalecer al boliviano, reducir el costo de los productos importados y, de esta manera, contribuir a una baja inflación.

2. El subsidio en varios productos de la canasta familiar
La segunda razón es que el país subsidia muchos de los productos esenciales que consume la población. Por ejemplo, el precio de la gasolina se ha mantenido estable en el tiempo, con un valor cercano al medio dólar por litro, a apesar de que el precio del petróleo sigue disparado en los mercados internacionales, ya que el monopolio estatal que distribuye la gasolina ha absorbido totalmente ese impacto, sin tocar el precio subsidiado. Por otro lado, los productos de la canasta básica tampoco han experimentado grandes cambios, eso se debe a que el país tiene mecanismos que ayudan a contener la inflación alimentaria, como la entrega de apoyo financiero a los productores agropecuarios, la importación estatal de alimentos con cargo a los recursos públicos.

3. Control de precios
La tercera razón que evita la subida de los precios tiene que ver con los certificados de exportación que deben tener todos los productos bolivianos que son vendidos en el exterior. Es que cuando el abastecimiento de un producto en Bolivia no está garantizado con un precio que las autoridades consideren justo, pueden negarle el certificado de exportación y, de esta manera, el gobierno provoca un aumento de la oferta de ese producto en el mercado interno, por ende, bajan los precios y, por lo tanto, se disminuye las presiones inflacionarias.
Ahora, veamos la otra cara de la moneda.

Peligros de tener una inflación tan baja
Si bien una inflación muy baja pareciera ser una excelente noticia, lo cierto es que también esconde graves peligros. En ese sentido, una de las preguntas esenciales que vale la pena hacerse es ¿por cuánto tiempo Bolivia seguirá beneficiándose con esta excepcional estabilidad?, en una región en que la inflación continúa escalando. En ese sentido, qué tan sostenible es para las finanzas públicas la política de subsidios, control de exportaciones y un tipo de cambio fijo. Un informe reciente del Banco Mundial estima que la deuda pública boliviana se acercará al 80% del Producto Interno Bruto, muy superior a la media regional (69,8%). Y desde esa perspectiva, se podría inferir que Bolivia es un país con baja inflación a costa de mucha deuda. En cambio, el gobierno argumenta que el endeudamiento está bajo control.
Por otro lado, algunos especialistas sostienen que el tipo de cambio fijo ha sido un desincentivo para la producción local, al abaratar los productos importados. También es parte del debate el aumento del déficit fiscal, es decir, que el Estado gasta más dinero del que recibe. Y que se ha producido una merma sostenida de las reservas internacionales del Banco Central de Bolivia, que es el colchón de ahorros que le permite al país mostrar su solidez financiera. Por lo que a muchos observadores les preocupa que el país siga consumiendo sus reservas.
Frente a las preocupaciones ya planteadas, el gobierno ha manifestado que no va a eliminar los subsidios, ni alterar el tipo de cambio, porque eso significaría trasladar la carga inflacionaria a la gran mayoría de la población; el argumento clave es que Bolivia vende gas, electricidad y otras materias primas, como la soya o minerales, cuyo precio en el mercado internacional también ha subido, por lo que el país estaría recibiendo mayores divisas.
Todo esto hace que Bolivia sea un caso único en América Latina, el único que mantiene la inflación más baja, aunque eso también tenga su impacto negativo.

El autor es estudiante universitario de la Carrera de Ciencia Política y Gestión Pública en la UMSA, aspirante a la mención de Gerencia Política.

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