Crecimiento a punta de deuda interna y externa no es solución para la crisis

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¿Estamos de vuelta a la época en que el país se prestaba recursos externos e internos para pagar sueldos?, ¿Dónde quedó la economía blindada que se daba el lujo de pagar sueldos a los servidores públicos sin ningún problema? Este parece ser una de las muchas aristas que oculta la crisis económica que sienten los bolivianos de a pie, pero no los políticos del gobierno.
Según datos del Banco Central de Bolivia (BCB), la deuda externa, hasta el 30 de septiembre de 2023 alcanzó los $us 13.408 millones, y la deuda interna, conforme a información extraída del Ministerio de Economía hasta similar periodo fue de Bs 128.115 millones que al tipo de cambio (Bs 6,96) asciende a $us 18.407 millones. La suma de ambas cifras asciende a $us 31.815 millones.
Las autoridades del Ministerio de Economía señalaron que la deuda externa es sostenible y que no supera el 50% con relación al Producto Interno Bruto (PIB) conforme a parámetros internacionales. Lo cierto es que los préstamos aumentaron de forma sostenible entre 2006 y septiembre de 2023 de $us 3.239 millones a $us 13.408 millones, o sea, se incrementó en $us 10.169 millones.
El nivel de la deuda externa con relación al PIB 2022 ($us 44.315 millones) alcanza el 30%, pero si calculamos el nivel de la deuda externa y la deuda interna con relación al PIB, el porcentaje alcanza al 72%. Esto demuestra que el gobierno optó por el préstamo externo e interno para alcanzar este año un crecimiento del 4,8%.
Los recursos de la deuda externa fueron destinados a la construcción de empresas estatales que, en muchos casos, operan a media máquina, como la azucarera de San Buenaventura, Quipus o la Planta de Urea y Amoniaco que siempre registra paralización de operaciones por mantenimiento de equipos. Edificar Papelbol en un lugar donde no hay ni un árbol es una irracionalidad, así como una planta procesadora de papa en plena sequía.
Asimismo, la deuda interna y la externa que se contrajo para generar un crecimiento económico no se tradujo en el cambio de vida de los bolivianos, porque las políticas fueron mal diseñadas. Los datos demuestran que el modelo económico que defiende el exministro de Economía y ahora presidente Luis Arce, adolece de fallas que deben ser corregidas de inmediato, porque invertir en planes y proyectos que no generan réditos causará el fracaso financiero.
A la par, los recursos de la deuda externa e interna que también fueron destinados a impulsar la inversión pública tampoco tuvieron éxito, porque hasta agosto de 2023, la ejecución de este ítem alcanzó el 32%, lo que demuestra que la intención de generar un crecimiento sobre la base de deuda externa e interna no funciona. No se debe olvidar que los préstamos contraídos deben ser pagados por todos los bolivianos.
La falta de resultados económicos derivó en que el 85% de la economía sea informal, no se consolidó un mercado interno, se registró el cierre continuo de empresas pequeñas, medianas o de mayor magnitud y los empleos precarios que no están amparados por normas laborales son el común denominador en las calles. Creer que endeudarse es la solución para los problemas en el marco del actual modelo económico que tiene problemas, es ilusionarse y engañar a los bolivianos que buscan días mejores.
Es importante en el rediseño de un nuevo modelo económico, con base en un pacto público y privado que tenga como objetivo el generar empleos seguros con salarios dignos, aumentar las exportaciones, la atracción de la inversión privada nacional e internacional, incentivar el turismo, eliminar el impuesto a la transacción financiera (ITF) y una lucha real contra el contrabando.

El autor es periodista.

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