Promisoria industria de papa… sin papa

Indudablemente la inteligencia oficial ha dado un paso de siete leguas en su proyecto de industrialización del país, al iniciar en la ciudad de El Alto la construcción de un edificio que servirá para instalar una fábrica procesadora de papa. En dicho acto se contó con la presencia del Jefe del Estado, oportunidad en la que se comunicó que esa “planta” costará 120 millones de bolivianos, aunque no se sabe si en la cifra anterior se tomó en cuenta el precio de la maquinaria.
La obra es, naturalmente, plausible, pero su éxito es todavía remoto, pues su realización debe pasar por una serie de etapas, antes de que empiece a funcionar dentro de varios años por venir, ya que solo la construcción del edificio durará casi un año, mientras la maquinaria necesaria tardará en llegar y en la instalación pasarán por lo menos otros dos años y siempre que no sea desechada en medio trabajo.
Eso no es todo, lo inquietante es que la “planta” no tendrá la materia prima necesaria para entrar en funcionamiento o, por lo menos, alcanzar los mínimos índices de producción que ofrecen sus promotores, de acuerdo con el objetivo de asegurar una supuesta soberanía alimentaria que se anuncia desde hace veinte años y que, en vez de avanzar, se ha convertido en inseguridad alimentaria, debido a numerosas causas, entre las que se puede citar varias.
Entre ellas, esa “planta” se instalará en un lugar que está lejos de los centros de producción de papa. Como ocurrió con la “planta” azucarera de San Buenaventura, instalada con un costo de millones de dólares, en un sitio donde no hay suficiente producción de caña de azúcar y que está lejos de los centros de consumo. O bien correrá la suerte de Papelbol, que para funcionar tiene que importar materia prima de allende los mares, como de China y otros países del bloque neoimperialista, o bien tendrá que enfrentar los problemas de la competencia de precios de la artesanía nativa.
Sin embargo, el principal problema que enfrentará este faraónico proyecto de “elefante blanco” será que no tendrá la cantidad de materia prima necesaria (la papa) para ofrecer al público lo que anuncia, todo ello debido a que no hay producción suficiente para industrializar este tubérculo en el país. Y es que no se toma en cuenta la caída de producción de papa en el país. Además, no se considera que esa caída es continua y sostenida, desde tiempos en que se dictó la Reforma Agraria, en 1953, cuando debido a ese problema se tuvo que importar papa para cubrir la escasez. Este “pequeño” problema se ha ido agudizando desde entonces, debido a políticas agrarias reaccionarias que, además, fueron aplicadas desde 1964 y culminaron con la Constitución Política vigente, cuyo contenido en este sentido no es favorable.
Se debe recordar, por otra parte, que una industria agrícola requiere para funcionar con algún éxito, por lo menos, diez veces más de la producción de materia prima necesaria para el consumo corriente. Esa cantidad no existe en Bolivia, donde la producción de papa ha caído en tal proporción que las necesidades del consumo se las tiene que cubrir con importaciones y contrabando de papa de Perú.
La producción nacional de papa está muy por debajo de las necesidades del consumo, debido a que miles de hectáreas de tierras que producen este alimento han sido abandonadas o destinadas al cultivo de coca. Tanto es así que la arroba de papa, que costaba hace veinte años 25 bolivianos, ha subido a 40, 60 y más de 80 bolivianos, y seguirá subiendo mucho más, hoy por el bloqueo que se produce en Perú al transporte hacia Bolivia. Además, por la mayor caída de la producción interna, debido a sequía, falta de mano de obra, o por la política agraria impuesta por la Constitución de 2009, que arruina a los productores, provoca el abandono de tierras fértiles, porque campesinos salen a Argentina y otros países. Sin hacer referencia a muchos otros gravísimos problemas.
De ahí que este “elefante blanco”, la planta de industrialización de la papa, no solo implica un gasto inútil, sino que tiene fracaso anunciado, por las causas señaladas y otras, que cualquier economista agrario podría aclarar con datos abundantes.
Se debe insistir en que dicha iniciativa del Ejecutivo y la alcaldesa de El Alto es fantasiosa y basada en sueños de burócratas. Se sustenta, igual que otras, en buenas intenciones que conducen al infierno. La solución para la inseguridad alimentaria, con la instalación de industrias agropecuarias, solo puede tener éxito cuando se solucione el problema agrario nacional, llevado al máximo grado del absurdo por la Constituyente del 2007 y la Constitución del 2009 dirigida a combatir al sector indígena y destruir la agricultura andina, por la política agraria establecida desde entonces.
Así el proyecto de preparar puré de papa… sin papa, tiene futuro asegurado.

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