Santa Cruz no necesita favores

Santa Cruz de la Sierra siempre se quejó del abandono a que fue sometida por los sucesivos gobiernos y protestó con toda razón. Porque, en los hechos, casi éramos el departamento entero un territorio colonial, distante, inútil, costoso, y, por si fuera poco, cerril, exigente y levantisco. Aparecíamos ante las autoridades centrales como unos incómodos pedigüeños. Y claro, siendo el baluarte en el oriente deshabitado, defendiendo con nuestra presencia –y las de los padres jesuitas– para que los vecinos no se comieran los territorios del este, del norte y del sur de la República, algún apoyo de Chuquisaca o de La Paz debimos demandar. No hubo respaldo alguno pese a lo indignante, a lo humillante, que es pedir, y de lo que los cruceños siempre hemos sido conscientes. Así que, de quejarnos, ya está de buen tamaño. Nada nos dieron y se acabó la historia. Nada qué hacer.

Santa Cruz progresó con los años y su tierra fértil comenzó a tener valor porque sus productos tuvieron mercado. Ferrocarriles y carreteras llegaron lentamente con el aval de nuestros hidrocarburos. Con el auge de los productos de la tierra, empezaron a faltar brazos. Es cuando se inicia una migración de bravos collas braceros a la zafra de la caña principalmente, que también la hacían en la Argentina. Era gente que llegaba a trabajar duro durante algunos meses y retornaban a sus tierras de origen con lo ahorrado. Hasta que se dieron cuenta de que la vida está donde se encuentra el bienestar. Entonces llegaron los zafreros con sus mujeres e hijos para quedarse. Esos brazos eran necesarios y los cruceños los recibimos con satisfacción. Nada era regalado para los migrantes, como nada es regalado para nadie si los emprendimientos son serios. Avasallar tierras productivas, como ahora, no cabía en la cabeza de esos braceros honrados.

Creció el comercio, se desarrolló la industria, surgieron las cooperativas, y asimismo las grandes instituciones empresariales. Todo de la mano de los emprendedores privados. Y Santa Cruz dejó de rogar por ayuda al poder central. Ya no rogó sino exigió. No hubo capricho ni mucho menos. Exigió sus regalías, pero, además, ecuanimidad en el aspecto impositivo, sobre impuestos que van al poder central y se esfuman en pagos a la cada vez más frondosa administración pública clientelista y en los ya famosísimos elefantes blancos, además de la horrorosa corrupción, el cáncer principal.

Ahora, en pleno aniversario departamental, existe un sabor amargo en los cambas, que puede convertirse en insoportablemente agrio. El Gobierno no quiere realizar el censo este año, que ya lo hemos dado por perdido. Pero tampoco quiere hacerlo el próximo aduciendo mentiras, lo que es un inaceptable atropello constitucional. Además, el Estado Plurinacional expresa la infamia de que ocho de los nueve departamentos quiere el censo el año 2024. Es decir que los cruceños nos quedamos solos porque las autoridades del Palacio arman sus previstas mesas de trabajo y se burlan del país engatusándolo. Si el Gobierno no cumplió con realizar el censo el 2022, ni dice poder hacerlo en el 2023, ¿quién garantiza que se lleve a cabo el 2024? A estos gobernantes no les va a interesar el censo jamás, porque, ya lo sabemos, van a tener que reconocer el real crecimiento cruceño, y tiemblan ante la idea de tener que repartir correctamente los recursos económicos, a que la representación parlamentaria sea ecuánime y por tanto crezca en nuestro departamento, y, en suma, que se conozca la verdadera realidad de lo que acontece en Bolivia.

Santa Cruz no está dispuesta a esperar que el Estado Plurinacional haga lo que le dé la gana y no se trata de una prepotencia vana ni mucho menos, porque estamos seguros que los otros departamentos tampoco aceptan que el censo se lo despache al cosmos. Otra cosa es que el Estado Plurinacional recurra a todas sus armas y amenazas para doblegar a los bolivianos.

Tenemos una gran cultura cívica sin ninguna discusión. Lo peor que podría sucedernos es que eso se fracturara. El espíritu cruceño no puede diluirse traicionando los intereses del departamento, que son los de Bolivia, convirtiéndose en un flan blandengue y descolorido. No podemos caer en la pugna por nimiedades teniendo a la mano las mejores posibilidades de crecimiento agroindustrial, que ya son muy importantes pero que pueden serlo mucho más. Luchemos por el censo sin ceder en lo que no se pueda ceder, peleemos porque el Estado Plurinacional no limite nuestras exportaciones en los momentos más rentables, no permitamos que se nos quiera invadir ni nuestras tierras ni nuestras instituciones que costaron tanto. Y evitemos el ridículo de estar peleando por si las losetas de nuestras viejas calles son buenas o malas y terminemos tirándonoslas sobre nuestras cabezas.

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