Gracias, padre Albó

Partió de este mundo el sacerdote jesuita Xavier Albó, un académico que deja profunda huella en la investigación social y lingüística de Bolivia, un hombre que formó líderes en las comunidades campesinas, un cura rebelde con los poderosos y hasta con la propia Iglesia, un luchador por la democracia y los derechos humanos.

Era catalán, pero difícilmente se puede encontrar a un boliviano más comprometido con la causa nacional, sobre todo con la situación de los pueblos excluidos, con quienes vivió y trabajó gran parte de su vida. Con ellos hablaba en aymara y en quechua y no necesitaba traductores para comunicarse.

Con seguridad, su trabajo se ha visto reflejado en una Bolivia más incluyente y, como muchos, soñó que el 2006 esos sueños se coronaban con la llegada de Evo Morales al poder. Luego, igual que otros tantos que apoyaron el denominado proceso de cambio, se desencantaría, pero esa es otra historia.

El legado de Albó queda para los bolivianos en cada libro, en cada obra, en cada palabra, en cada anécdota. Por eso, hay que agradecerle infinitamente. Descanse en paz, querido P’ajla.

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