¿Hacia dónde nos quiere llevar el gobierno?

Estamos en el día 32 de paro (hoy martes) y la gente continúa firme en las rotondas, sin dramas ni llantos, con ollas comunes y también con tamborita y baile si se presenta el caso. Es nuestro carácter y no lo vamos a cambiar. El hecho es que esto deberá tener un límite y ese límite, para suspender el paro, será cuando el Gobierno atienda los pedidos sobre la realización del censo, de los cientos de miles de cruceños –hombres, mujeres, niños y ancianos– que se manifestaron en los dos últimos cabildos en Santa Cruz de la Sierra.

Lo malo es que ahora resulta que el destino de la gran encuesta ya no está en nuestras manos, sino que, graciosamente, está en manos de la Asamblea, para colmo de plena mayoría masista. La pregunta de rigor es: ¿no sabíamos que si de aprobar una ley para el censo, ésta tendría que pasar por la Asamblea? ¿Que se necesitaba su aprobación en Diputados, en el Senado, de su sanción y promulgación, todo lleno de cortapisas, hasta que se publicara en la Gaceta Oficial? Pues en la buena estamos, con media ciudad vigilando las rotondas, día y noche, y una ley que no depende de nuestra voluntad. ¿Qué se les va a decir a los sacrificados bloqueadores?

Hace ya varios días que tres proyectos de ley ingresaron al tratamiento de la Cámara de Diputados, pero, como era de esperar, ya le están dando largas a un censo que el Gobierno no desea. Los masistas no quieren este censo ni el 2023 ni el 2024, hasta que presuntamente vuelvan a ganar en el 2025. Entonces, tal vez. Al MAS no le conviene en absoluto que se modifiquen las circunscripciones electorales y menos que se limpie el padrón electoral con el que ganó las tres últimas elecciones. En cuanto a la redistribución de ingresos por departamento, el Estado no tienen un centavo en sus arcas, así que tampoco eso se puede cumplir.

¿Qué hacer ante este panorama aciago? ¿Cuál es la idea del Gobierno para “sacarla barata” esta batalla contra Santa Cruz? ¿Cómo salvar el culo en una situación tan embarazosa? Al parecer ha decidido ganarnos por agotamiento y nos ha puesto a marear la perdiz con el censo del 23 o del 24 para tenernos ocupados. Eso está clarísimo y quien no lo quiera ver está en la luna.

Podrán aprobar una ley a su gusto dentro de una semana o también tenernos en las cámaras legislativas con nuestros diputados jugando tuja, durante un mes. Si es así, bien haríamos en ir ideando la forma en que vamos a preparar nuestros arbolitos navideños en las rotondas y que exista un permiso para hacer un brindis en la Nochebuena con los Reyes Magos. Del Año Nuevo, mejor ni hablar, porque ahí sí que se producirá una estampida. Pero, seriamente, vamos a la pregunta que encabeza esta nota: ¿Hacia dónde nos quiere llevar el Gobierno?

¿A perfeccionar las autonomías? Suena ridículo luego de que los trabajosos avances que se hicieron en ese campo, donde se logró una masiva aprobación ciudadana, los masistas las convirtieron en un colgandijo más en el “proceso de cambio”, como si en el fondo les hubiera interesado un rábano. Eso puede seguir, posiblemente, su lento caminar o morir en la letra de la Constitución.

¿Al federalismo? Mucho más que ahora nos entramparíamos en mil leyes, porque un departamento no se puede declarar federal sino “serlo” dentro de un Estado Federal. Con las autonomías a paso de tortuga saltar al federalismo no parece posible. No es cosa de decir, nos declaramos federales, porque, y luego, ¿qué? Seguiremos siendo parte de la misma nación y nos mirarán con sorna y pena. El federalismo es una aspiración de todos los bolivianos seguramente, pero no es algo que se pueda hacer hoy.

¿A la resistencia civil? Bueno, con el paro estamos en plena resistencia civil y el Gobierno lo sabe. ¿Qué más resistencia civil que parar y bloquear durante semanas? ¿Acaso no es algo peor que las huelgas de brazos caídos? ¿Vamos a asaltar a las pocas instituciones estatales que hay en el departamento para hacer notar que estamos resistiendo? ¿Con qué beneficio que sea realmente útil?

Otra forma de resistencia civil sería convocar al rechazo popular en la participación del censo. Eso sí que sería terrible, porque, además de que se podrían sumar algunos departamentos, si solo Santa Cruz no participara de la gran encuesta nacional, esta no serviría para nada. Sería mejor no hacerla. Sin embargo, si Santa Cruz ha sido la gran impulsora del censo, caeríamos en una ridiculez o en una incoherencia total, si nos negáramos a participar. Y probablemente sería un favor que se le haríamos al Gobierno. Pero no deja de ser una opción al todo o nada.

¿A proclamarse independiente? Aquí sí que la cosa sería verdaderamente grave. El remezón al Gobierno y al país serían brutales. Pero una parte de la población cruceña estaría de acuerdo con hacerlo. Como sucedió en la Guerra Federal de 1899 habría bajas. ¿Acaso, delante del presidente Arce, algunos masistas no están pidiendo a gritos la guerra civil contra Santa Cruz? Claro que los recuerdos de los indios comiéndose a los jóvenes chuquisaqueños en Ayo Ayo, ponen la piel de gallina, aunque también vivimos otros tiempos. La antropofagia ya ha pasado, creemos.

¿Qué hacemos, señores del Gobierno? ¿Creen que será posible suspender el paro y decirles a todos quienes se sacrificaron durante más de un mes que regresen a sus casitas y que nada ha pasado? ¿Qué las palizas que nos han pegado los pacos han sido nuestro merecido? Eso no es posible. Es mucho mejor que los cerebros que tiene el presidente Arce piensen en la mejor forma de solucionar este entuerto que, por sus permanentes mentiras y cambios de postura, se ha convertido en un grave peligro para la nación.

No hay que olvidar que Bolivia está desde hace meses en una revolución de regular intensidad. Que ya existe una revuelta en marcha, como lo expresé en algunos medios, y que se trata de una verdadera revolución y no de un simple golpe a los que estábamos acostumbrados.

La entrada ¿Hacia dónde nos quiere llevar el gobierno? se publicó primero en El Diario – Bolivia.

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