El enjambre y el peón

Para manipular y engañar a la mayor cantidad de personas posibles, y que a la vez esa manipulación se convierta en una postura inamovible, es necesario transformar el ideario cultural de toda la sociedad occidental. La fe, la sana crítica, la racionalización de conceptos, el arte y la literatura son escollos para una ideología totalitaria que solo busca la repetición de ideas y a la vez el sacrificio de sus seguidores.
La ideología progresista busca la construcción de una sociedad tipo panal, donde lo social y lo comunitario sean prioridad. El llamado “bien común”, en este sentido, tiene la misión de adormecer el uso de la razón, a tal punto que incluso corrientes teológicas latinoamericanas terminaron anteponiendo dicho concepto al mismísimo Evangelio. Dentro del panal no existe la individualidad, solo la fuerza laboral en busca del “bien común”, y alrededor de éste, el enjambre –masa altamente manipulable que cierra filas en torno a una consigna–. Existen numerosos panales, llamémoslos colectivos, que en sus filas encierran a «grupos de choque» disfrazados de activistas sociales, los cuales ejercen la labor del enjambre, cuya única finalidad es la de atacar sin pensar y con alta violencia a todo lo que estos grupos consideren repudiable.
Existe, por lo que vemos, una coincidencia evidente entre el panal y su «orden social» con la sociedad progresista actual. La imagen del peón también es utilizada de manera abusiva con una intencionalidad solapada y engañosa, pues el peón, para la ideología progresista, no hace referencia al obrero no especializado que trabaja por jornada –el cuál obviamente merece toda la atención y respeto posible en lo que atañe a su remuneración y a sus derechos laborales–, refiere, en todo caso, a la pieza de ajedrez que sirve para el «sacrificio» en aras del bien común. Carece de importancia; es totalmente sustituible y solo es utilizado cuando la ideología lo requiere para engrosar a sus grupos de choque. No tiene importancia alguna su superación económica o personal, solo importa su disponibilidad de sacrificio en nombre del «bien común» o del eslogan desgastado de «patria o muerte».
El enjambre y el peón terminan siendo solo piezas sustituibles de una ideología que quiere avasallar la cultura y la Fe; son la masa no pensante que defiende las distintas vertientes del progresismo –Comunidad LGTB, veganismo, ecologismo, etc.– con furia y convicción, pero con nulo uso de razón. Los actuales movimientos iconoclastas son un claro ejemplo de lo expuesto, solo basta dar un vistazo a las famosas marchas feministas del 8M o las expresiones violentas en contra de obras de arte como la Mona Lisa.
Por todo lo descrito, urge generar espacios válidos de reflexión y formación académica, donde el pensamiento no se base en la simple repetición de conceptos, sino en su racionalización. La repetición de ideas solo tiene como fin la perpetuidad social del enjambre y el peón como simples piezas descartables; por ello, en la actualidad, no hay mayor acto de insurgencia social que el atreverse a leer y a pensar.

El autor es Teólogo, filósofo y bloguero.

La entrada El enjambre y el peón se publicó primero en El Diario – Bolivia.

Deja tu comentario

A %d blogueros les gusta esto: