A un ápice de ser Suiza

En un escenario atiborrado de imágenes amorfas y decorado con una policromía empalagante, similar a la opulencia con que se adornaba los palacios virreinales, pero con menos gusto, tuvo lugar la celebración del 14 aniversario de creación del Estado Plurinacional, Multilingüe y Folklórico de Bolivia.

En dicha oportunidad, el primer mandatario del Estado, ataviado con todos los símbolos que su alta investidura demanda como: la enseña patria en bandolera, sobre la cual reposa la medalla del Libertador, recientemente rescatada de una casa de tolerancia; al lado de esta presea, una whipala en forma de Cubo Rubik; y otras alhajas y joyas propias de un Estado descolonizado.

Con la misma adustez y ansiedad, propias de un convicto que marcha al patíbulo, el presidente del Estado Plurinacional pronunció un discurso a la nación, el que fue calificado como mensaje por los medios oficiales, celebrando el aniversario de ese sistema de gobierno que sobrelleva Bolivia, desde hace una década y media.

Imitando la impostación que el finado micomandante venezolano Chávez solía utilizar para sus arengas, el Gobernante del Estado expuso, en un tono resumido y revisionista, una parte de nuestra historia que abarcó, desde las sublevaciones indígenas del Siglo XVII, hasta la guerra del agua y del gas, omitiendo eventos que consideró menos significativos, como la guerra del Chaco o la Revolución de abril del 52, cuya importancia histórica determinó nuestro devenir moderno.

Dicha omisión es comprensible, cuando no se ha querido relievar la importancia de tales fastos y menos de los personajes, como el Dr. Víctor Paz Estenssoro, que de lejos gravitan en nuestra historia, con mucho mayor peso que cualquiera de los líderes cocaleros contemporáneos. El propio fundador del Instrumento fue olímpicamente ninguneado y relocalizado en el paraíso de Adán y Evo.

Haciendo total abstracción de los males que nos aquejan a los bolivianos, donde el sistema de justicia podrido hace y deshace con nuestro destino, el “mensaje de S.E.” se limitó a rendir cuentas a sus accionistas timados, con el mejor estilo del empresario privado que tanto odian.

Casi simultáneamente al evento que comentamos, la opinión pública supo que el juez que definirá si Jeanine Añez será procesada en la vía ordinaria por el delito de genocidio en el caso Senkata, es el mismo que hace menos de un año nos fue exhibido por la Policía enmanillado por cargos de corrupción y hoy nuevamente, este “Magistrado” se encuentra a cargo del Juzgado Primero de Instrucción en lo Penal de El Alto, donde radica precisamente el caso Senkata.

Sin embargo, la cosa no queda ahí, ocurre que la Policía informó que el juez de marras habría favorecido a un presunto feminicida en una acción de libertad, utilizando como argumento documentos fraguados, mediante los cuales se alegaba que el recluso tenía cáncer. A pesar de la denuncia, otro juez cuestionado determinó que el corrupto magistrado se defienda con detención domiciliaria y salidas laborales. Resulta que el juez que otorgó la detención domiciliaria del corrupto fue el mismo que, poco antes, había sido denunciado por llevar adelante una audiencia virtual en total estado de ebriedad.

¿Será que los asesores de S.E. no conocían tamaño escándalo al redactar el mensaje? Por lo menos, para alertar a S.E. antes de la llegada de la Comisión de Derechos Humanos a Bolivia y evitarnos el riesgo de que nos rompan la ilusión dejada por Evo, de estar a un ápice de ser Suiza.

La entrada A un ápice de ser Suiza se publicó primero en El Diario – Bolivia.

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