Vino heroico

No se trata de que todos los vinos sean heroicos o que el consumo de vino convierta en héroes a quienes lo beben, sino a que, en Bolivia, se produce un vino preñado de heroísmo, tardío en relación con los países vecinos como Argentina y Chile, pero tan sacrificadamente elaborado como son los vinos en todas partes del mundo. El vino en Bolivia ha tenido un camino muy difícil de transitar y lo sigue teniendo hoy, porque son caldos que se producen en la altura a diferencia de los que se producen en Francia, España o Italia, por citar a algunos de los productores más galardonados del planeta. No obstante, los vinos de Bolivia comienzan a abrirse paso por su alta calidad.

Escribo (martes 24) sobre vinos porque dizque estamos a punto de ir a una guerra con Perú, lo que no sabemos si provoca preocupación o risa. Y porque ha pasado el feriado celebrando el acceso al poder de Evo Morales, con marchas interminables de empleados públicos y de indígenas transportados a La Paz desde todas las regiones del país. Además, porque en el discurso que pronunció el presidente, el domingo pasado, nada rescatable dejó para comentar. Entonces, ¿qué mejor que escribir sobre ese elíxir maravilloso que es el vino? ¿Y cuánto mejor si la semana pasada se ha presentado en el café Melchor Pinto un magnífico libro sobre los viñedos nacionales, obra de Marie France Perrin, con estupendas fotografías de Enrique Quiroz?

Si soy viejo amante del vino, como lo somos cada día más personas en Bolivia, no podía dejar de asistir a la presentación de “Heroicas Viñas Bolivianas”, de la prolífica autora paceña. Fue una noche húmeda y caliente, llena de público, en la que Sergio Prudencio nos contó de sus entrañables recuerdos familiares y sobre cómo su padre empezó con la labor vitivinícola en Tarija; y luego siguió la reconocida escritora Luisa Fernanda Siles, con una hermosa pieza literaria sobre el vino. Concluyó Marie France, hablándonos sobre la historia de los vinos y singanis en Bolivia, tanto en Tarija, como en Cinti; y ahora respecto a los prometedores resultados que se dan en Samaipata. Se refirió, con pesar, a la innoble y perjudicial competencia de los vinos que ingresan al país de contrabando.  Yo, personalmente, oyendo todo esto, concluí en que en Bolivia se producen vinos heroicos.

Quienes bebimos el tinto de San Pedro, hace más de medio siglo, cuando una botella era buena y la otra no tanto, hoy nos encontramos con los deliciosos caldos que surgieron en Tarija a mediados del siglo pasado y que han alcanzado una calidad que ha sido premiada en importantes catas europeas. Es el caso de Aranjuez, La Concepción, Campos de Solana, Kohlberg y otros, con varias generaciones de familias chapacas que pusieron toda la “carne en el asador”, como los Granier, Castellanos, Kohlberg, Kuhlmann, Prudencio, y algunos pioneros más que contrataron enólogos extranjeros, y tienen hoy excelentes productos. Otros fueron más artesanales como el del recordado amigo Mario Hinojosa con Sausini, que, de las botellas para la mesa familiar o para agasajar a los amigos, pasó a la producción industrial. Y por supuesto el buenísimo Cruce del Zorro, vinos y singanis relativamente nuevos pero con gran demanda, de Ramiro Moreno Baldivieso, que tiene bajo su responsabilidad su hijo Luis Moreno y que empezó con apenas tres hectáreas en el valle de La Concepción. Ramiro Moreno, que de vinos solo sabía disfrutarlos, recuperó una propiedad que había pertenecido a su abuelo, y a las parras antiguas les volvió a dar vida, a renovar sus cultivos con cepas nuevas, y ellas a entregar el caldo delicioso de sus entrañas.

Cinti, en el departamento de Chuquisaca, enclavada entre Potosí y Tarija, es la región que tiene más historia en lo que se refiere a vinos y singanis, y la bodega San Pedro, próxima a Camargo, fundada por dominicos –según nos cuenta Marie France– fue la gran proveedora de vinos y destilados que se consumían principalmente en la rica Potosí de los años 1600. La enorme casona del Siglo XVIII, admirable por su conservación, pasó de uno a otro propietario, hasta que, finalmente, la adquirió la familia Ortiz Linares, que constituyó una gran y próspera empresa con el nombre de Sagic. Luego los Ortiz Patiño transfirieron sus acciones a la familia Calvo Galindo, que, luego de una etapa muy positiva, decayó y que hoy está en una etapa de recuperación.

Cañón Colorado, La Casa de Molina, Jardín Oculto, La Encantada, San Francisquito y otras propiedades hacen de Cinti una región mágica para la producción de caldos, sobre todo, de singanis. Tal es la calidad de sus productos que el Singani (con mayúscula) ya es una denominación de origen cotizada internacionalmente y con presencia en el mercado estadounidense.

Samaipata, en los valles cruceños, tuvo una importante producción de vinos y aguardiente, durante la Colonia. Pero su importancia vitivinícola decayó notablemente en la era republicana, hasta que ahora, nuevos emprendedores han incursionado, con resultados muy prometedores, en esta tarea encantada que es producir los vinos de altura. La producción de Landsuá, como Vinos 1750 o Viñas Vargas, son todavía pequeñas para entrar a competir en el mercado nacional, no obstante, Uvairenda, productores de Vinos 1750, han comenzado con la elaboración de productos que se van conociendo y consumiendo en el mercado nacional. El futuro de los vinos en Santa Cruz, puede surgir exitosamente debido a que en sus valles existen tierras adecuadas para el cultivo de la vid y porque el vino se ha convertido en un producto muy cotizado en la mesa de los cruceños.

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